jueves, 20 de mayo de 2010

Lección 37. LA ENTRADA TRIUNFAL

REFERENCIAS BIBLICAS: Mateo 21:1-11
Marcos 11:1-11
Lucas 19:28-40
Juan 12:12-19

A. EN LA ENTRADA TRIUNFAL SE CUMPLIO LA PROFECIA:

Zacarías 9:9 “Alégrate mucho, hija de Sion; da voces de júbilo, hija de Jerusalén; he aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna.”

Todas las profecías del Antiguo Testamento tenían que cum­plirse en la vida del Señor Jesucristo, incluso la de la entrada triunfa¡ en Jerusalén. Zacarías había profetizado este momento de triunfo y de aclamación por el público y había descrito exac­tamente en qué manera había de entrar en Jerusalén.

En esta profecía, se le describe a Jesucristo como un rey humilde cuyos intereses se basaban en la justicia y la salvación. Lo que le importaría más, sería la paz más bien que la guerra.

Esta profecía de Zacarías dice que Jesús había de cabalgar sobre un pollino de asna. Un caballo simbolizaba la guerra y la victoria; el asno era símbolo de la realeza tranquila.

B. JESUS ANTES HABIA RECHAZADO LA ACLAMACION PUBLICA:

Juan 6:15: “Pero entendiendo Jesús que iban a venir para apoderarse de él y hacerle rey, volvió a retirarse al monte él solo.”

Hasta la entrada triunfa¡, Jesús deliberadamente se negó a ser el jefe de cualquier movimiento popular. Prohibió proclama­ciones públicas de Su mesiazgo y no se enredaba en la política de la época. A través de Su ministerio público, Jesús cumplió la profecía de lsaías de que el Escogido de Dios había de ser pre­dicador de la verdad divina y no un alborotador violento (Mateo 12:16-21) como eran algunos mesías falsos que le precedieron. Pilato dijo bien, ningún delito hallo en este hombre.”

C. LA ENTRADA TRIUNFAL:

Llegó el momento en que Jesús haría una declaración pública de que El era el Mesías. Debido a que esta declaración tenía que ser simbólica, Jesús deliberadamente planeó la demostración mesiánica que había de realizarse.

Jesús se dio cuenta que iba a Su muerte, pero aún así hizo las preparaciones y recibió el homenaje que la rendía la multitud calma y deliberadamente. El Señor sabía que toda crisis que sufriera sería parte del plan divino.

No muy lejos de Betania estaba el pueblo de Betfagé. Acer­cándose a Betfagé, en su camino a Jerusalén, Jesús envió a dos discípulos al pueblo para conseguir el animal sobre el que cabalgaría a Jerusalén. Les dijo que hallarían una asna atada y su pollino delante de una casa. Habían de traérselos a Jesús y si el dueño les dijera algo, habían de responderle: “El Señor los necesita.” Como el asno era símbolo de la realeza tranquila, esto demostraría que Jesús entraba en la ciudad sin demostración de fuerza, sino como el Príncipe de Paz.

La multitud de campesinos llegados a Jerusalén, deseaban ver a Jesús y a Lázaro, y salieron para Betania. Otros, conven­cidos de que Jesús establecería Su Reino, se juntaron a los galileos. Se encontraron con Jesús y Sus discípulos y los acompañaron a la ciudad. Cortaron los ramos de las palmeras y los tendían en el camino con sus mantos. Mecían los ramos de las palmeras y gritaban, “Hosanna al Hijo de David.” Este coro resonaba por todas las colinas y llamó la atención a millares de peregrinos. El entusiasmo crecía cada vez más a medida que se acercaban a la ciudad.

La palabra “Hosanna” quiere decir “sálvanos ahora.” Original­ mente se usaba como petición, pero en el momento de la entrada triunfa¡ se hizo un grito de bienvenida.

Los fariseos que habían venido a espiar a Jesús estaban desesperados. Trataban de hacer callar a la gente que alababan a Jesús, pero no podían. Habían pensado no arrestarle antes de la fiesta, pero no pudieron porque la multitud le aclamaba y le vitoreaba. Desesperados, los fariseos apelaron a Jesús, “Maes­tro, reprende a tus discípulos.” Pero Jesucristo conocía sus corazones y les respondió, “Os digo que si éstos callaran, las piedras clamarían.”

D. JESUS SABIA QUE EL JUICIO ERA INEVITABLE:

La entrada triunfal era un momento de gran regocijo para los discípulos de nuestro Señor. Durante tres años ellos habían esperado ansiosamente tal momento. Con los corazones llenos de gozo, se unieron a la multitud con canciones y alabanzas. Esperaban la coronación del Maestro como el Rey de Israel.

Sin embargo, Jesucristo no tenía ninguna ilusión. Sabía que pronto pasaría el entusiasmo y que dentro de una semana muchos de los que ahora le alababan clamarían, “Crucifícale, crucifícale.” Sabía que el pueblo había perdido su día de opor­tunidad y que el juicio era inevitable.

Al llegar, Jesús vio el panorama magnífico de la ciudad. El vio la ciudad que cuarenta años después sería desolada y destruida por Tito y sus legiones romanas. Jesús lloró sobre ella. La mul­titud se calló y su entusiasmo desapareció al escuchar al que habían proclamado Rey, pronunciar el juicio sobre la cuidad.
“Porque vendrán días sobre ti, cuando tus enemigos te rodearán con vallado, y te sitiarán, y por todas partes te estrecharán, y te derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación” (Lucas 19:43-44).
TOMO IV: LA VIDA DE CRISTO
CURSO BÍBLICO “ALPHA”
RALPH VINCENT REYNOLDS