jueves, 20 de mayo de 2010

Lección 43. EL JUICIO

REFERENCIAS BIBLICAS: Mateo 26:57-27:25
Marcos 14:53-15:19
Lucas 22:66-23:24
Juan 18:19-19:16


A. EL PROCESO ANTE EL CONCILIO JUDIO:


Después que Jesús fue tomado preso en Getsemaní, los miembros del concilio judío, es decir el Sanedrín, se reunieron rápidamente para pronunciar la sentencia en la que ya habían convenido.

Los soldados se apresuraron a llevar a Jesús por las calles de la ciudad al palacio del Sumo Sacerdote, José Caifás. El era tan astuto así como intolerante, cruel y sin conciencia. Era el yerno de Anás.

Anás era el sumo sacerdote desde el año 6 hasta el año 15 D.C. Por su astucia política, Anás consiguió de los romanos la sucesión al Sumo Sacerdocio de sus cinco hijos y su yerno, Caifás, Anás era el dueño del famoso Bazar que tenía el mono­ polio de la venta de animales para los sacrificios y los’puestos de los que cambiaban dinero. El odiaba a Jesús desde el día de la primera purificación del templo y se empeñaba en buscar modos de coger con trampa a Jesús en alguna palabra u obra. Jesús fue llevado ante este enemigo para una audiencia preli­minar. De aquí, Jesús fue llevado ante Caifás y de allí al Sanedrín.

Habían tres acusaciones contra nuestro Señor:

1. Herejía: Le acusaban de enseñar doctrina contraria a la ley. Anás le atribuía la herejía al Señor luego de interrogarle (Juan 18:19-24).

2. Sacrilegio: Le acusaban de decir que destruiría el templo hecho con manos y construiría otro hecho sin manos. Esta acusación es una perversión de las palabras en Juan 2:19-21.

3. Blasfemía: Bajo juramento, Jesús dijo que El era el Hijo de Dios. Fue esta confesión que dió al Concilio la oportunidad que buscaba. Jesús fue inmediatamente condenado a morir.

B. LA SENTENCIA DE MUERTE:

En la interrogación y juicio ante Caifás y el Sanedrín, no había ni misericordia ni justicia. Al comenzar no tenían testigos que pudieran dar testimonio contra Jesús. Al fin consiguieron dos que dieron falso testimonio: “Este dijo: Puedo derribar el templo de Dios, y en tres días reedificarlo” (Mateo 26:61). Esto no era suficiente para condenar a Jesús, de modo que Caifás en desesperación comenzó a interrogar a Jesús: “Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo de Dios” (Mateo 26:63). ¡Qué pregunta más extraña era ésta que hacía el sumo sacerdote a un criminal atado y sin defensa!

En la época cuando la gente le aclamaba como el Mesías y Rey, Jesús no dio énfasis a esta verdad. Ahora, encarándose con la muerte y con la vida dependiendo de Su respuesta, Jesús no vaciló. La contestación solemne fue, “YO SOY; y veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y vi­niendo en las nubes del cielo” (Marcos 14:62). Con estas palabras fue condenado el Señor. Caifás entonces rasgó sus ropas y dijo, “¡Ha blasfemado! ¿Qué más necesidad tenemos de testigos?” (Mateo 26:65). La sentencia, digna de muerte, fue pronunciada pronto.

C. EL PROCESO CIVIL:

La autoridad de sentenciar a muerte había sido quitada a los judíos; por eso, los hombres principales fueron a Pilato, el gobernador romano, para obtener la ejecución de la sentencia. Eran las siete o las ocho de la mañana, posiblemente, cuando Jesús fue llevado al palacio de Pilato.

Pilato odiaba a los judíos y era muy cruel. No podían haber más contrastes que los que habían entre Jesús y Pilato. Este vivía en lujo, egoísmo, pecado y arrogancia. Se sentaba cómo­damente en una silla acojinada. El preso estaba de pie, Sus muñecas atadas. Los judíos no entraron en la sala de juicio para que no se contaminaran.

Pilato comenzó a interrogar al preso y le halló inocente. El romano recibió un mensaje de su esposa sobre un sueño que ella había tenido y quería advertirle.

Los jefes religiosos habían cambiado sagazmente la acu­sación religiosa a la política. Decían que el Señor se había rebelado contra Roma, diciendo que El era rey, prohibiendo a la gente que pagaran los impuestos a los romanos. Pero los judíos no pudieron convencer a Pilato, quien quería ponerle en libertad.

D. DELANTE DE HERODES:

Pilato esperaba que se encontrara algún modo de salvar a Jesús y le mandó a Herodes Antipas. Este era un hombre de gran libertinaje. Parece que nuestro Señor no le respetaba porque se negó a responder a sus preguntas. Herodes estaba muy contento de ver a Jesús. Sin duda le molestaba la con­ ciencia desde que mandó decapitar a Juan el Bautista. Esperaba que Jesús hiciera algún milagro, pero Jesús se mantenía en silencio.

Cuando Herodes se dio cuenta de que no conseguiría nada de Jesús, mandó vestirle en ropas lujosas como un rey y le envió de nuevo a Pilato con una carta lisonjera. Antes los dos eran enemigos; pero desde este momento se hicieron amigos.

E. EL PROCESO FINAL:

Jesús fue arrastrado por las calles estrechas, llenas de multi­tudes que se burlaban de El al proceso final, la fase más angus­tiosa de este terrible proceso.

Pilato estaba determinado en encontrar algún medio de poner a Jesús en libertad. Había tratado de hacerlo enviándole a Herodes. Ahora quería aprovecharse de la costumbre de soltar a un preso durante una fiesta. Finalmente sugirió el compromiso de castigarle y después soltarle.

Sin embargo, la gente demandaba la sentencia de muerte. Por último Pilato se los entregó porque ellos amenazaban denun­ciarle al Emperador y arruinarlo políticamente.

Pilato intentó quitarse la culpa lavándose las manos y diciendo, Inocente soy yo de la sangre de este justo; allá vosotros” (Mateo 27:24). Sin embargo, Pilato no pudo escapar de la responsabilidad de su decisión. Más tarde sufrió las conse­cuencias de la acción porque fue deportado a Galia (Francia) y allí se suicidió.
Para aplacar a la multitud, Pilato soltó a Barrabás, un ladrón, asesino y sedicioso, y entregó a Jesús para que sea crucificado.
TOMO: LA VIDA DE CRISTO IV
CURSO BÍBLICO “ALPHA”
RALPH VINCENT REYNOLDS