jueves, 20 de mayo de 2010

Lección 45. LAS SIETE ULTIMAS PALABRAS

Las palabras que Jesús dijo en la cruz son muy expresivas y de sentido profundo. Por eso, en esta lección consideramos cuidadosamente estas últimas palabras que nuestro Señor pro­nunció mientras agonizaba.

A. “PADRE, PERDONALOS, PORQUE NO SABEN LO QUE HACEN” LUCAS 23:34

En el momento en que Su agonía era la más fuerte, Jesús buscaba excusas por las acciones de Sus enemigos y atormentadores.

Las víctimas de la crucifixión por lo general daban chillidos, maldecían y escupían a los espectadores y verdugos. Pero Jesús no dijo ni palabras malas, ni quejas, ni pidió misericordia.

Jesús tenía más lástima por Sus atormentadores que por Sí mismo. No pensó en su propio sufrimiento; pero Su corazón estaba conmovido por los que le crucificaron. “No saben lo que hacen.” A causa de Su gran amor, Jesús perdonaba y aún oraba por los enemigos mientras que en agonía extrema El estaba colgado en la cruz.

B. “HOY ESTARAS CONMIGO EN EL PARAISO” LUCAS 23:43

Jesús dijo Estas palabras al ladrón que se arrepintió y oró, “Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino.” Sabemos que este ladrón se había arrepentido, porque confesó su culpa y reconoció que le castigaban justamente.

“¿Ni aun temes tú a Dios, estando en la misma condenación? Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas éste ningún mal hizo.” Después de decir esto, confesó su fe en Jesús y pidió que se acordara de él en Su reino.

En la agonía de la muerte, Jesús estaba más que dispuesto a escuchar tal petición. Perdonar los pecados y justificar a un pecador aún en la cruz era el acto supremo de la gracia de Dios.

Esto demostraba claramente que aún mientras estaba ago­nizando, Jesús no se olvidó de que había venido al mundo para “salvar a los pecadores.” No vino para ministrarse a Sí Mismo sino a la gente. Así lo hizo Jesús hasta el último momento de Su vida.

C. “MUJER, HE AHI TU HIJO ... HE AHI TU MADRE” JUAN 19:26-27

Ninguna angustia corporal podía causar que Jesús se olvidara de las necesidades de Su madre amada. Ni aun en la agonía de la muerte olvidó Jesús Sus responsabilidades. Había sido un hijo obediente de María. Parece que José había muerto unos años antes de esto y Jesús, siendo el hijo mayor, tenía la respon­sabilidad de cuidar de ella. El no quería dar esta responsabilidad a Sus hermanastros no creyentes. El sabía quien cuidaría de Su madre fielmente, con ternura y amor—Juan el Amado.

Juan aceptó la responsabilidad y llevó a María a su casa donde ella vivió el resto de su vida. Por supuesto, antes de ir a la casa de Juan en Galilea, ella recibió el don del Espíritu Santo en el aposento alto el día de Pentecostés.

D. “ELI, ELI, ¿LAMA SABACTANI? DIOS MIO, DIOS MIO, ¿POR QUE ME HAS DESAMPARADO?” MATEO 27:46

Este grito amargo de Jesús en la cruz ha sido malentendido por muchos. Los que le oían no le entendían y pensaban que Jesús llamaba a Elías para que la ayudara. Algunas personas todavía tienen dificultades en entender este grito, porque creen que contradice el hecho de la Deidad de Jesús.

Para entender esto tenemos que leer 2 Corintios 5:21, “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado.” El puso sobre Sí mismo la iniquidad de todos nosotros. El se hizo nuestra víctima propiciatoria, llevando la carga terrible del pecado y pagando el precio del pecado. La humanidad de Cristo tenía que probar completamente lo terrible del pecado. El pecado separa del Dios santo. Jesucristo tenía que experimentar la sensación terrible de esta separación. En realidad, Dios presenciaba todo porque la naturaleza verdadera de Cristo nunca cambió. No había ningún momento en que Jesucristo no era Dios manifes­tado en la carne. Ciertamente Dios no le había desamparado.

Era preciso que Jesús, sin haber pecado, sintiera lo que siente un pecador. Jesús tenía que pagar todo el precio sólo y morir—morir espiritualmente—para todos los hombres.

E. “TENGO SED” JUAN 19:28

Vertiginoso, febril—un mundo de aflicción se expresa en estas dos palabras: “Tengo sed.” El que había creado el mundo con ríos, lagos y fuentes, ahora deseaba una gota de agua. Cuando los soldados empaparon en vinagre una esponja y se la acer­caron a la boca, Jesús la aceptó. El vinagre era un insulto—un ácido picante para el Cristo que moría.

F. “CONSUMADO ES JUAN 19:30

Las primeras palabras de nuestro Señor que tenemos en la Biblia son: “¿No sabéis que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?” Había vivido de tal manera que ahora estando en la cruz podía expresar el grito victorioso que indicaba que Su misión fue terminada, “Consumado es.” La obra de redención, la cual era el propósito de Su vida y ministerio, se había cumplido y el plan de salvación había sido establecido.

Es significativo hacer una comparación entre estas palabras de nuestro Señor en la cruz y la gran voz del templo que dijo, “Hecho está” (Apocalipsis 16:17).

Los que rehúsan aceptar las palabras “Consumado es” de la cruz, se verán obligados a aceptar las palabras “Hecho está” del juicio.

G. “PADRE, EN TUS MANOS ENCOMIENDO MI ESPIRITU” LUCAS 23:46

Estas últimas palabras de nuestro Señor son una citación de Salmos 31:5, “En tu mano encomiendo mi espíritu.” Se dice que estas palabras se usaban en la época en que Jesús vivía en la tierra como una oración en las adoraciones de la noche.
Se debe recordar que Jesús había dicho, “ ... yo pongo mi vida, para volverla a tomar” (Juan 10:17). Jesús tenía el poder de despedir Su Espíritu para tomarlo otra vez.
TOMO: LA VIDA DE CRISTO IV
CURSO BÍBLICO “ALPHA”
RALPH VINCENT REYNOLDS