jueves, 20 de mayo de 2010

Lección 14. JESUS, EL OBRADOR DE MILAGROS

A. JESUS, EL OBRADOR DE MILAGROS

Juan 21:25 “Y hay también otras muchas cosas que hizo Jesús, las cuales si se escribieran una por una, pienso que ni aun en el mundo cabrían los libros que se habrían de escribir. Amén.”
Hechos 1:1 “En el primer tratado, OH Teófilo, hablé acerca de todas las cosas que Jesús comenzó a hacer y a enseñar.”
El ministerio de Jesús está repleto de milagros, uno tras otro. El registro de su ministerio contiene una lista continua de milagros.
En esta unidad de estudio, estaremos estudiando treinta y seis milagros que se dan en los cuatro evangelios. Se debe com­prender que la Biblia nos provee solamente de una lista parcial de los milagros ejecutados por nuestro Señor. La deducción es que hay un sinnúmero de ellos que no han sido registrados.
El apóstol Juan aclara bien este hecho cuando escribió que en el mundo no cabrían todos los libros si se escribiese un registro completo de todos los milagros. En el versículo uno de Hechos, capítulo Uno, leemos que en el evangelio de San Lucas solamente se da el registro de lo que Jesús COMENZO a hacer y a enseñar. En otras palabras, lo que nosotros estaremos estudiando serán solamente los milagros que El comenzó a hacer.

B. JESUCRISTO, UN SER MILAGROSO

Juan 1:14 “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros.”

Jesucristo fue y es el Dios-hombre. El fue “Dios manifestado en la carne” (1 Timoteo 3:16). Todo lo que rodea a Jesús es milagroso, Su nacimiento, Su ministerio, Su resurrección y Su ascensión.
Su nacimiento fue un milagro. Si no hubiera tenido lugar un milagro, El jamás podría haber nacido de una virgen. Este fue uno de los grandes milagros de todos los tiempos.
Alguien escribió refiriéndose a Jesús, “¡Hubiera sido un milagro que Jesús no hiciese milagros!” Jesús es un ser tan milagroso en Si mismo, que no nos sorprende el hecho de que ejerció Su poder sobre las enfermedades, los demonios, la muerte y la naturaleza.

C. LOS MILAGROS PRUEBAN LA VERDADERA IDENTIDAD DE JESUS

Lucas 7:21-22 “En esa misma hora sanó a muchos de enferme­dades y plagas, y de espíritus malos, y a muchos ciegos les dio la vista. Y respondiendo Jesús, les dijo: Id, haced saber a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio.”
Juan el Bautista envió dos de sus discípulos a Jesús con la pregunta, “¿Eres tú el que había de venir, o esperaremos a otro?” Aparentemente Juan había permitido que algunas dudas se intro­dujeran en su mente con respecto a Jesús. El había anunciado a Jesús en las riberas del Jordán, “He aquí el Cordero de Dios,” pero ahora él se encontraba en duda.
Jesús, en lugar de enviarlos de vuelta con una respuesta sen­cilla les demuestra Su poder ante estos discípulos. Ellos vieron a los ciegos recobrar la vista y fueron testigos de que muchos hom­bres eran aliviados de sus enfermedades, plagas y espíritus malos. Estaban ahora en condiciones de retornar a Juan con pruebas positivas, porque habían visto realmente una demostración del poder de Dios.
No puede haber prueba superior que aquella de los milagros que llevan la evidencia del poder de Dios. Los milagros dieron prueba de la verdadera identidad de nuestro Señor.
Alguien ha dicho que los milagros realizados por nuestro Señor eran sus credenciales. Eran señales que revelaban su verdadera naturaleza y misión. Podemos ver la personalidad y naturaleza de Jesús mismo en cada uno de sus milagros. Por ejemplo:
El milagro de alimentar a la multitud lo revela como el Pan de Vida;
El milagro de la curación del hombre ciego lo revela como la Luz del mundo;
El milagro de resucitar a Lázaro lo revela como la Resurrección y la Vida.

D. LOS MILAGROS PROBARON EL VERDADERO MINISTERIO DE JESUS

Lucas 4:18-21 “El Espíritu del Señor está sobre mí ... Y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos ... Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros.”

Mateo 20:28 “Como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.”

Una cosa que debemos tener siempre en mente es que Jesús no vino a este mundo, para servirse a Si mismo. El vino para servir a otros. Los milagros de nuestro Señor prueban este hecho en forma concluyente. El vino a satisfacer las necesidades de otros.
En ninguna ocasión fue ejecutando un solo milagro para su propio servicio. El era humano, y como tal muchas veces se encontraba cansado y con hambre, pero jamás obró un milagro para satisfacer Sus propias necesidades.
Dos ejemplos que prueban esta aseveración son:

1. Jesús rechazó convertir las piedras en pan cuando tuvo hambre. (Mateo 4:3-4)
2. Jesús rechazó llamar a doce legiones de ángeles cuando fue traicionado y arrestado en Getsemaní. (Mateo 26:53)
Jesús nunca ejecutó milagros con el propósito de exhibir Su poder y entretener a la gente. El no era un mago efectuando milagros para ganarse el aplauso de la gente, ni tampoco efectuó curaciones por dinero. Su ministerio entero lleva testimonio del hecho que El vivió y murió para ministrar a las necesidades de los hombres y mujeres.

E. JESUS DIO PODER A SUS MINISTROS PARA REALIZAR MILAGROS


Lucas 9:1 “Habiendo reunido a sus doce discípulos, les dio poder y autoridad sobre todos los demonios, y para sanar enfermedades.”
Lucas 10:17 “Volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre.”
Juan 14:12 “De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre.”
Jesús dejó muy en claro que los milagros deberían seguir a la predicación del evangelio. En Marcos 16:17, Jesús dijo, “Y estas señales seguirán a los que creen.” En 1 Corintios 12:10, leemos que “el hacer milagros” es uno de los dones del Espíritu.
Jesús autorizó y comisionó a los doce discípulos y a los setenta para realizar milagros. No obstante, debemos tener claramente en nuestra mente que ningún hombre aparte de Jesús tiene el poder para realizar mila­gros. Si los milagros siguen al ministerio de un hombre, es siem­pre en el “nombre de Jesús” y a través del poder del Espíritu Santo. (Lucas 10:17; Hechos 3:16). Nunca debe tomar el hombre ninguna gloria por lo que ve reali­zarse, porque la gloria siempre pertenecerá a Jesús
TOMO II: LA VIDA DE JESUS
CURSO INTERNACIONAL "ALPHA"
RALH VICENTS REYNOLDS