jueves, 20 de mayo de 2010

Lección 41. GETSEMANI

REFERENCIAS BIBLICAS: Mateo 26:30, 36-46
Marcos 14:26, 32-42
Lucas 22:39-46
Juan 18:1

A. GETSEMANI:


A medio kilómetro al este de los muros de Jerusalén, al pie del monte de los Olivos, estaba el huerto de Getsemaní. Este era un huerto donde crecían olivos, higueras y granados. En Getsemaní estaba la prensa donde se trituraban las aceitunas para exprimir el aceite. A este lugar de la prensa de aceitunas, Jesús llegó con Sus discípulos para que El fuera triturado, de manera que de El brotarán la bendición y la virtud de Su vida.

El actual huerto de Getsemaní es un jardín cercado con muros que contiene ocho olivos antiguos. Se dice que debajo de estos árboles Jesús sufría. Pero esto no es posible porque los roma­ nos, bajo el mando de Tito, destruyeron todos los árboles cerca de la ciudad en el asedio del año 70 D.C. Es probable que los árboles actuales fueran plantados por los creyentes más tarde.

Jesús a menudo iba con Sus discípulos al huerto para orar. Todos conocían este bello lugar.

Después que Jesús había orado en el aposento alto y todos habían cantado un himno, Jesús llevó a los once fuera de la ciudad, bajaron al barranco y cruzaron el puente sobre el to­rrente de Cedrón, y de allí a Getsemaní.

B. LA AGONIA EIN GETSEMANI:

Hebreos 2:18 “Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados.”

Jesús no encontró la mayor tentación en el desierto sino en Getsemaní. Estuvo triturado en el huerto de la “prensa de las aceitunas.” Aquí El luchó Su mayor batalla y ganó Su mayor victoria.

Jesús dijo, “Mi alma está muy triste, hasta la muerte,” Pode­mos imaginarle allí, cuando en agonía se postró sobre Su rostro. Era tan intensa Su agonía que grandes gotas de sudor caían a la tierra como gotas de sangre.

Después de la tentación en el desierto, un ángel le ayudó. En esta nueva lucha con Satanás, un ángel se le apareció para fortalecerle. La victoria que ganó en Getsemaní le ayudó a enfrentarse con Sus enemigos y la muerte en la cruz calma, confiada y victoriosamente.

C. LA COPA DE AMARGURA:

Isaías 53:4-6 “Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; ... mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.”

Tres veces Jesús oró: “Padre, si quieres, pasa de mí esta copa.” ¿Qué era esta copa de amargura? No era el sufrimiento corporal de la cruz. Jesús no era cobarde. Como millares de mártires se enfrentaban con la muerte por medios crueles y salvajes, Jesús ciertamente podía enfrentarse con la muerte en la cruz sin vacilar.

Para entender esta copa de amargura, debemos recordar que Jesús, que era sin pecado, llegó a ser nuestra víctima propicia­toria. El pecado de todos nosotros fue cargado en El. “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado” (2 Corintios 5:21).

Lo horrendo del pecado fue lo que hizo apartar el alma pura y sin pecado de nuestro Señor de beber esta copa de amargura. La presencia del pecado le haría probar la terrible sensación de ser abandonado por Dios. Tendría que sufrir la separación del rostro del Padre cuando “por nosotros fue hecho maldición.”

D. DOS HUERTOS:

Es provechoso hacer una comparación con el huerto de Edén.

Adán y Jesús entraron en sus huertos respectivos sin pecado, pero ambos salieron cargados de pecado. Adán llevó el pecado que trasmitiría a todos los miembros de la familia humana con la excepción de Jesucristo. Jesús salió del huerto de Getsemaní bajo el peso del pecado de la familia humana incluyendo a Adán, el cual sería llevado al Calvario donde la pena por ese pecado sería pagado por completo.

Tanto Adán como Jesús dejaron los respectivos huertos para hacer frente la muerte—Adán, para morir por su propio pecado y pasar la pena de muerte a todos los que nacieran después; Jesús, para morir por los pecados de otros y así salvar a hombres y mujeres de la pena de muerte.

La gran diferencia entre Adán y Jesús se nota en sus actitudes hacia la voluntad de Dios. Jesús se entregó a la voluntad divina diciendo, “No se haga mi voluntad, sino la tuya.” Adán se rebeló contra la voluntad de Dios, y con su acto de desobediencia dijo-figurativamente-”No se haga tu voluntad, sino la mía.” He aquí la diferencia básica entre nuestro primer padre Adán y nuestro Salvador Jesucristo. Con la entrega y obediencia, Jesús ganó la victoria; con la rebelión y terquedad, Adán sufrió la derrota.

Por la terquedad y desobediencia de Adán en el huerto de Edén, el hombre perdió el paraíso; por la obediencia y humildad de nuestro Señor en el huerto de Getsemaní, el paraíso fue ganado de nuevo para los redimidos.

E. LA FALTA DE LOS DISCIPULOS:

Cuando Jesús entró en Getsemaní, dejó a ocho de Sus dis­cípulos a la puerta, diciéndoles que velaran. Llevó a Pedro, Jacobo y Juan más adentro en el huerto. Aparentemente, sabía que iba a necesitar ánimo y fortaleza y quería que los tres le ayudaran a orar hasta la victoria.

Se apartó de ellos unos pasos más adentro y comenzó Su agonía de oración. Tres veces vino a Sus discípulos y cada vez los encontró dormidos. Los discípulos estaban rendidos por el cansancio y no podían impedir el sueño. Les exhortó que estu­vieran alertos y los reprendió porque dormían. No obstante, los disculpó un poco cuando dijo, “El espíritu a la verdad está dis­puesto, pero la. carne es débil.”

Nosotros mismos podemos ser rápidos en condenar a los discípulos porque fallaron en este momento de crisis. Pero debemos considerar dos cosas:

1. No había otro modo de hacerlo. Jesús tenía que sufrir solo. No podía haber otro que pudiera ayudarle en esta hora de Su mayor sufrimiento. Por eso concluimos que Dios había ordenado que nadie estuviera despierto para animar al Señor en ese momento.

2. Los discípulos ignoraban la crisis del momento. No enten­dían ni podían entender, la batalla que fue luchada y ganada a unos cuantos pasos de ellos. Si hubieran sabido de alguna manera lo que pasaba, habrían estado despiertos. El sueño habría huido.
¿Es ésta la razón por la que la iglesia en estos días está dormida? Poca gente se da cuenta de la grave crisis espiritual del mundo y la batalla que se está luchando. Como resultado, la gente está rendida a un sueño espiritual.
TOMO: LA VIDA DE CRISTO IV
CURSO BÍBLICO “ALPHA”
RALPH VINCENT REYNOLDS